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sábado, 3 de mayo de 2014

EL AGRADECIMIENTO ES LA MEMORIA DEL CORAZÓN

                                                   

                                                                           
                                                                     
                                     


 Dice un refrán muy nuestro: “Quién no es agradecido, no es bien nacido” Pensar que como tengo derecho ¡a todo! No hay que agradecer nada...  Es un gran error. Saber agradecer y decirlo nos engrandece, eso fue lo que aprendí cuando aún era pequeña a  dar las “gracias” palabras que me repetían y me hacían repetir continuamente mis padres  “demostrarle al otro que valoramos sus gestos hacia nosotros”. Eso me decían y así crecí, agradeciendo y dando las gracias. Ya lo decía  Lao-Tsé  "El agradecimiento es la memoria del corazón". 

 Hoy necesito y quiero dar las gracias a ti que me lees, que entras de otros países, por curiosidad, o me compartes en tus redes,  a tod@s. Quiero  agradeceros vuestro tiempo, apoyo e interés que habéis mostrado en visitar y leer este blog salpicado de  palabras que os puedo asegurar, siempre escritas a través del corazón.

 Ha pasado un año y aquí estoy... Compartiendo, sensaciones, pensamientos,  y todo aquello que me hace ser consciente de que el tiempo pasa...  La vida es un suspiro, la vida se vive antes de que quieras darte cuenta...

 Eso he pensado al mirar este pequeño espacio mío y al que hago vuestro, lleno de emociones y momentos vividos en este año. Cuando escribo siempre lo hago para mi propia satisfacción, invadida por todo aquello que veo y siento, expresando sentimiento desde lo más hondo del alma...

 Y aunque el mundo parezca inmenso, personas de diferentes culturas, países y lenguas, gracias a las nuevas tecnologías en este mundo globalizado, al final unos y otros hemos terminado encontrándonos... Compartiendo vivencias, emociones y sentimientos a través de la palabra escrita.
Y prometo que seguiré intentando divulgar siempre fiel a vosotr@s  y a mi misma todo aquello que merezca ser contado.


 Nunca hubiese imaginado que esta pequeña aventura llegaría tan lejos... 
     

                                                                           
                                                      






sábado, 3 de agosto de 2013

FELICIDAD Y SER FELICES







Felicidad... Igual  a  “ausencia de dolor” palabras que hacen pensar.¿Quien no ha sentido alguna vez el sufrimiento?. Esa fuerza, destructora, invisible,emocional, ligado al ser, al alma. Se dice que el dolor es inevitable y el sufrimiento opcional.
En cierta medida esto es así, pero conlleva, una sabiduría implícita para permitir que el sufrimiento sea opcional.

¿Dolor físico o dolor del alma...? ¿Cuál se soporta mejor...? Imposible describir.
El dolor físico te merma, te aniquila, te anula como persona. Ante el nos rendimos y sucumbimos a sus exigencias.
Nos puede llevar a un estado que deseemos  la muerte, cuando los fármacos  que tomamos en vez de curarnos nos van  absorbiendo poco a poco la poca energía que nos queda...

¿Y el dolor del alma se puede soportar...? Para este dolor no hay fármacos que puede curarnos. Te sientes extraña ante un cuerpo que respira salud, sin embargo tú sabes que te estás apagando como las cenizas de una gran hoguera.
Nada te alegra, los días, los minutos y segundos de tu vida no tienen sentido, solamente deseos de perderte en el infinito...
Quizás, la  “felicidad  y ser felices”  es un estado que día a día tenemos que aprender. En la aceptación  de la vida que nos ha tocado vivir.

Ser feliz se aprende aun en el dolor. Aunque nos duela el alma, podemos llegar a un estado de paz, aceptando ese sufrimiento.
Cuando se es consciente de que el sufrimiento forma parte de nuestro vivir, al igual que la noche y el  día.

Sabiendo que la felicidad son momentos que vienen y van como las olas de mar... Disfrutemos de esos momentos que la vida nos regala.


                                                                           
                                                                       

         
 

                                  ENTONCES... YO APRENDÍ


Aprendí que vivir es aprender, que soñar es gratis, que después de la noche
 viene el día.

A sonreír aunque me duela... Que todo en esta vida tiene fecha de caducidad. Que  lo que te da la vida también te lo quita.

Aprendí no esperar nada, lo que venga bien recibido será...
Aprendí no somos imprescindible


Aprendí que el amor siempre es el mismo, cambia de lugar y forma... Vuelve con otro rostro con nuevas esperanzas y nuevos sueños.

Aprendí que la vida es un río que fluye, siguiendo su propio curso.

Aprendí a desaprender para volver aprender de nuevo.

Aprendí que lo que está arriba puede estar abajo.

Aprendí a caminar día a día aunque esté cansada...

Aprendí que cada persona tiene que recorrer su propio camino y yo tengo que recorrer el mío.

Aprendí a  esperar aunque no haya retorno. 
Y día a día sigo aprendiendo...







miércoles, 1 de mayo de 2013

CUANDO EL SILENCIO HABLA

  
                             
                                                                           
                                                                 
                     
 

En este siglo donde el teléfono, radio y televisión nos invade...
Estamos  y nos hallamos sumergidos  continuamente en un juego que la sociedad nos ha ido imponiendo poco a poco.
Deseosa de salir a veces, de este juego, yo me pregunto: ¿Suena el silencio? ¿a qué suena el silencio...?

Si estas preguntas se las hiciera a personas que escucha, me contestarían que el silencio no suena a nada.
Sin embargo las personas videntes y sordas, siente hasta el más mínimo detalle que está ocurriendo a su alrededor.
Ellas ven y escuchan con los ojos y oído del alma.

Sería un buen ejercicio a poner en práctica, cuando el mundanal ruido nos agobia quitándonos nuestra paz interior.
Abstenerte de hablar, cerrar nuestros ojos, tapar nuestros oídos. Para  que nuestra vida pueda sintonizar y  redescubrir la esencia de la vida...              
  


Y fue entonces cuando sentí que el silencio me  hablaba...

¿A que suena silencio?
A caracola de mar y  pisadas en la arena mojada.
¿A que suena silencio?
A olor a romero en las noches de luna clara.
¿A que suena silencio?
A tardes de calor y canto de chicharras.
¿A que suena silencio?
A camino de piedras junto al río de aguas mansas.
¿A que suena silencio?
A noches de esperas, mientras otros descansan
¿A que suena silencio?
A pasillos muy largos y batas muy blancas.
¿A que suena silencio?
A llanto en la noche esperando el alba...
                                                                Enca Gálvez


                                 
Helen Keller escribió sobre su encuentro con Anne Mansfield en su
autobiografía,  "Historia de mi vida" ("The story of my life'')

 

 “¿Habeis estado alguna vez en el mar en medio de una densa niebla cuando parece que una tiniebla blanca y tangible nos encierra. Y el gran buque, tenso y ansioso, avanza a tientas hacia la costa con plomada y sonda, y uno espera con el corazón palpitante a que algo suceda?

Antes del comienzo de mi educación yo era como ese buque, sólo que no tenía brújula ni sonda, ni modo de saber a qué distancia estaba el puerto. ''Luz ¡Dame luz'', era el grito silencioso de mi alma, y la luz del amor brilló sobre mí en esa misma hora.


Caminamos por el sendero hasta la fuente, atraídas por la fragancia de la madreselva que la cubría. Alguien extraía agua y mi maestra puso mi mano bajo el grifo. Mientras el chorro fresco me empapaba una mano, ella deletreó en la otra la palabra agua, primero despacio, después de prisa. Me quedé en silencio, fijando mi atención en el movimiento de sus dedos. De pronto tuve una borrosa conciencia, como de algo olvidado, el estremecimiento de un pensamiento que regresaba; y de algún modo se me reveló el misterio del lenguaje. Supe entonces que ''a-g-u-a'' significaba esa maravillosa frescura que rozaba la mano. Esa palabra viviente despertó mi alma, le dio luz, esperanza despertó mi alma, le dio luz, alegría, la liberó". 


                                             
                                                                             





   Mi admiración  más profunda por Anne Mansfield Sullivan maestra de Helen Keller.
Porque ella sabía que en el silencio también se habla ...



   
La enfermedad destruyó la vista y el oído de Helen Keller, cuando ella aún no había cumplido diez años, dejándola aislada del mundo. Con experiencia, dedicación y amor a través del sentido del tacto, logró establecer contactos con la mente de la niña, y al cabo de tres años le había enseñado a leer y a escribir en Braille.