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viernes, 5 de diciembre de 2014

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Miró el reloj: las 8:00h, tenía tiempo para llegar donde hacía años colaboraba. Hacía frío en ésta mañana de diciembre, el cielo estaba gris, las nubes en lo alto esperaban el momento justo para dejar caer esa lluvia que tanto se había hecho esperar. El aire húmedo y frío presagiaba que la tierra bebería de este don generoso...

-¿Hay leche? - preguntó -  Como cada viernes, con mirada suplicante esperaba  una respuesta.
Miró las bolsas que se encontraban en filas, todas en su interior contenían: arroz, patatas, aceite, garbanzos.., excepto leche.
-Lo siento, hoy no han entrado cajas de leches.-  Cogió una bolsa y se la entregó.
-Gracias, pero todo esto lo cambiaría por leche...
-Espérame en la salida.- Firma al recibir y sale silenciosamente... Otras personas esperaban su turno.
En total esa mañana se entregaron cuarenta bolsas.

Ella con su niña en brazos, al verla llegar, se le iluminó la cara y ambas se sonrieron. La niña risueña, de ojos negros como el azabache, también se alegró al verla.
La cogió en brazos, la beso llenándola de arrumacos. No la extrañaba porque ya en su corta vida su cara le era familiar.
¿Sabes, que esto que te estoy dando está prohibido hacerlo aquí?. - Sí, lo sé y se lo agradezco- Le entregó un sobre con dinero. Con esto tendrás para comprar leche...

Deseaba conocerla, su juventud y su niña le producía ternura y curiosidad... ¿Cómo sería su vida? ¿Viviría sola? ¿Cómo habría llegado hasta aquí desde su país lejano...? Esta pregunta  se la hacía cada viernes.
La miró detenidamente. No se atrevió preguntarle... Quizás otro día...


Espíritu solidario, ayuda y colaboración entre los seres humanos. Así, es el voluntariado. Ayudando a las personas más necesitadas y vulnerables.
Siempre caminando hacia donde el corazón  nos lleve... 

                                                                             
                                                           


 Las bolsas del banco de alimentos que reparte Cruz Roja, Banco de Alimentos junto con Cáritas son como kits de supervivencia, salvoconductos para esquivar el hambre y capear durante siete días más estos tiempos tan duros.